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EDURNE PASABAN CORONA SU 14º OCHOMIL

Lunes, 24 de Mayo de 2010

La montañera vasca se convierte en la segunda mujer en hollar la cima de las 14 montañas más altas del mundo

Edurne Pasabán en la cima del Annapurna

Edurne Pasabán en la cima del Annapurna

El equipo de la alpinista Edurne Pasaban ha hollado la cumbre del Shisha Pangma (8.027 metros) la madrugada del 16 al 17 de Mayo y se ha convertido en la segunda mujer en lograr ascender los 14 ochomiles del mundo, después de que consiguiera este reto la coreana Miss Oh. Según informaba la web del equipo, Pasaban “ha hecho historia a las 11:30 hora de Nepal”, cuando ha hecho cima y ha completado así su proyecto de escalar los 14 montes de más de ocho mil metros del planeta, junto a todos sus compañeros.

La expedición que ha acompañado a la montañera vasca salió del campo 3 del Sisha Pangma, a 7.300 metros e inició el descenso, según informa la web de Pasaban. El grupo tocó la cima de la montaña a las 7:52 horas (hora de España), sin ningún problema y disfrutando de un “tiempo inmejorable”, según relataba desde el campo base el médico de la expedición, Pablo Díaz-Munio. En el momento de hollar la cumbre, la expedición se ha convertido, tanto en la cima como en el campo base, en un “mar de lágrimas y abrazos”, indicó Díaz-Munio en el sitio web de Pasaban. La web oficial de la montañera anunció rápidamente la llegada del grupo a lo más alto del pico.

El coordinador de la expedición de “Al filo de lo imposible”, David Pérez, desde el campo base, ha destacado las primeras palabras de una Edurne Pasaban “emocionadísima” que se deshizo en agradecimientos a su “familia, amigos y compañeros que se han quedado en el camino”. “Gracias a todos de corazón: os quiero un montón”, dijo casi entre lágrimas.

La alpinista vasca lo ha logrado acompañada por los montañeros Asier Izagirre, Alex Chicón y Nacho Orviz (cámara de altura de TVE), además de cuatro sherpas. Una vez celebrada la cumbre, la expedición comenzó el descenso, que transcurrió sin incidencias, llegarón al campo 3 (7.300 metros), donde tenían que decidir si se quedaban a pasar la noche o continuaban bajando, tal y como finalmente hicieron. El ataque a la cumbre fué precedido de “un poco de preocupación”, ya que durante todo el día 16 sopló viento frío e intenso, aunque amainó por la noche.

No obstante, el grupo vivió un imprevisto a medianoche, pues llegaron al campo 3 algunos componentes de otra expedición española con problemas de frío, por lo que fueron acogidos en las tiendas del equipo de Pasaban. Esta circunstancia retrasó la hora de partida, por lo que en lugar de comenzar el ataque a la cumbre a las 4:00 horas (hora local) se inició a las 5:00 horas, lo que no ha impedido que llegaran a la cumbre siete horas después.

Pasaban pidió buen tiempo y tuvo el mejor. Las condiciones permitieron que la expedición se planteara alcanzar bajar el mismo día al campo base “y celebrar el éxito completo de la cumbre del Shisha Pangma” finalmente pasaron la noche en el Campo 2 y alcanzaron el Campo Base la mañana del 18 de Mayo donde se reunieron con sus compañeros para celebrarlo. Con este ascenso, Edurne Pasaban se ha convertido en la segunda mujer que corona las 14 montañas más altas del planeta, después de la coreana Oh Eun-Sun, quien lo logró el pasado 27 de abril.

Y AHORA QUÉ?

La montaña nos ha tenido en vilo gracias a Edurne, todos nos hemos preocupado un poco por saber como le iba, ese es el mérito que Edurne y todo el equipo que le rodea (no lo olvidemos) han tenido, acercarnos a la alta montaña. Pero… ¿qué pasará ahora que Edurne ha conseguido su reto?

Os colgamos aquí un artículo escrito por Oscar Gogorza (director de la revista Campo Base) que creemos que, al menos dará que pensar.

ANÁLISIS

¿Habrá vida tras Edurne?

Edurne Pasaban ha llegado a meta. Ha pisado las 14 cimas más elevadas del planeta y poco debería importar el hecho de que una coreana de nombre Oh Eun-sun le haya adelantado en el sprint final.

No es sencillo exponerse a semejante empresa y acabarla sin graves accidentes. Así que toca felicitar a Edurne, pero también a todos los alpinistas y sherpas que la han acompañado en un largo periplo iniciado hace más de una década. Para la mayoría de los medios de comunicación y de los aficionados de a pie, Edurne es una referencia, la imagen viva del montañismo básico que la cultura popular ha mantenido viva en su ideario.

Poco importa que en estos últimos meses, la himalayista vasca haya reconocido en diferentes entrevistas que ni es una alpinista técnica ni la más fuerte (ahí está la austriaca Gerlinde Kaltenbrunner), y que su equipo tiene una enorme cuota de responsabilidad en sus éxitos. También ha reconocido que a su rueda ha crecido una empresa que lleva su apellido como sello y que aglutina diferentes patrocinadores, conferencias y charlas muy bien retribuidas y todos los beneficios que destila la fama. La tolosarra se ha convertido en un icono popular, un nombre más que los periodistas y aficionados podrán sumar a la retahíla habitual de apellidos con fuste: Nadal, Gasol, Contador, Sainz…

Sin embargo, Edurne es tan popular en la calle como sospechosa en el pequeño, cerrado y desconocido mundillo del alpinismo de élite donde la dificultad va varios pasos más allá del simple caminar para hablar de escalada. Los alpinistas que hoy en día firman ascensiones de vanguardia se refieren a las rutas normales de los ochomiles como “un terreno para turistas”, un lugar que perdió hace casi medio siglo todo el aura de aventura que lo había caracterizado. ¿Alguien recuerda vagamente estos apellidos: Corominas, Baró, Córdoba, Zabalza, Pou, Vallejo, Madinabeitia, Vidal…? Todos ellos defienden a su manera un alpinismo de dificultad, de compromiso auténtico, de respeto a los valores no escritos de una actividad que no busca récords sino sensaciones.

Los mejores alpinistas de este país (muchos de talla internacional) sobreviven a base de su trabajo como guías de montaña, trabajadores de altura, bomberos y demás ocupaciones que les permitan continuar con sus actividades de montaña. Edurne ya piensa en cambiar de vida, idea irreprochable. Con ella, seguramente, desaparecerán de los medios de comunicación las páginas de montaña, hasta que se organice un nuevo drama en algún ochomil. “Quizás”, opina el alpinista catalán Oriol Baró, “es mejor así: que todos vayan a los ochomiles y nos dejen al resto todas las otras montañas”. Pero no estaría nada mal que el periodismo de masas diese una oportunidad sincera al alpinismo auténtico de un país que solo ha tenido focos para Edurne y, antes, para Oiarzabal.

Óscar Gogorza es director de la revista Campo Base

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